Palabras por dedicar.

 

De un pueblo marcado por la indiferencia, y el indecoroso deseo de seguir la vida tal cual esta, de un pueblo subyugado por la guerra y el derrotismo como arma para acrecentar la tristeza y la plena conformidad, de unos cuantos que no son muchos que engordan su grasosa avaricia con tal de alimentarse según, del dulce sudor del que trabaja para sobrevivir, ya no para vivir, si no para tener el descaro de creer que se tiene una vida maravillosa, a pesar del que se ensancha como rechoncho obedeciendo al poder, con más poder, respondiendo a las ideas, a las propuestas como figuras del terror, siendo que el que apunta con el arma es otro, otro pasando por encima de derechos, que biológicamente son identificados como Humanos, que parecen chistes mal contados para calmar al niñ@, para que desista de llorar, permitiéndole que no entienda, dejando regado en el suelo de las sociedades de clase, migajas que se disputaran rapaces, carroñeros, hambrientos de todas maneras de una oportunidad.

De un pueblo gobernable con el miedo, por conveniencia mejor no asustar con la verdad, entretenerse con mentiras, y despertar solo para ir a trabajar, la rutina del que amanguala los sueños de una sociedad justa, con premios de consolación de un programa de televisión deprimente, de una sociedad estrechamente relacionada con haber podido presenciar tanto, y ser aquellos en que la empatía solo fue una buena nota de Ética y Valores en la Escuela, y nunca fue para hacerla parte de la vida misma. De un pueblo de cuya Paz que conmueve ante la cámara y cuando la apagan, masacran.  Levanto mi voz por los que se sienten como en un cubículo de oficina, hecho de resignación y desamparo, por los que esperan la valoración de pacientes críticos, por los que hacen posible que el plato de comida pase por ese ciclo que define a la agri-culturalidad, por los que transportan el alimento arado y cultivado, por los que imparten las dudas, las resoluciones y las proposiciones de un futuro prometedor para nuevas generaciones, por los que dignifican el aprendizaje común como una verdadera revelación de lo significativo. Levanto mi voz por las necesidades como prioridades, La levanto por desvirtuar ese temor al cambio, como pasar del favoritismo a la igualdad. La hago resonar con fuerza para sacudir los corazones enjaulados, abrir las cárceles del flagelo hacia la libertad. Levanto mi voz por la tierra que hace florecer en los campos el anhelo de alimentar de soluciones la esperanza, por la tierra que educa. La levanto para defender las enseñanzas del rebelde que entendió las imposibilidades del sumiso, luchando por justas causas.

La educación de un Pueblo, el amor en todas sus formas, la verdad de la vida misma, el trabajo de sembrar esperanza para cosechar realidades.

 

Mario Alberto Bermúdez

Poeta, Estudiante y Enamorado de la Vida. 

Comentarios

Entradas populares