LA FELICIDAD DE SOLONDZ: Sobre una película, el humor negro y la repugnancia.
Procuremos percibir por un
momento ese instante en que la serotonina comenzó a actuar en nosotros y le dio
respuestas a esa sensación que está fuera de la tristeza, que nos envuelve con
su calidez, que nos permite Ser, frente a una puesta de sol, Ser, frente a niños
riendo alrededor de sus juguetes, Ser, frente a familias preparando la cena con
esa sonrisa que caracteriza la situación. Permitamos que el recuerdo traiga el
anhelo, que el recuerdo viva de nuevo dentro de nosotros que nos hace consientes
en recorrer esos instantes de abrazos, de carcajadas, de brindis, de besos. Ser
el chiste que sueña cosquillear el corazón, ser esa broma, esa melodía que
escuchas y te trasporta. La película de Todd Solondz de 1998, busca interpretar
la humana deshumanización, un rompimiento con lo que podría ser el cotidiano,
plástico, sentimentaloide, y muy controvertido que llega hacer el concepto de
la felicidad, demostrando así que luego de superar la incomodidad sufrible de
espectadores como nosotros, por hacernos partícipes de momentos que transgreden
la concepción de entender a la propia felicidad, pero que ésta, bien sería vista
como condición colectiva o subjetiva a la vez. ¿Hasta dónde llegamos a
comprender el sentido de la felicidad? ¿Todo se reduce a la satisfacción de
nuestros placeres más triviales o sentidos de cada quién? Y lo que podría ser
una pregunta peligrosa y que intenta encerrarnos en la enferma y triste manera
de lastimarnos o ser otra forma de afirmarnos, sería ¿Eres feliz?
La ironía es bien retratada
y sumida carnal y espiritualmente a la vida, es seguir buscando el sustento,
titularse, tener una familia, creerse una cosa u otra, ejercitarse, comer,
beber, a veces el desenfreno da réplicas rápidas a nuestros reclamos que chocan
al otro día cuando tocan a tu puerta las deudas, las preocupaciones, y volvemos
a reducirnos en el anhelo, anhelo, como dirección férrea a la creación de
Felicidad. Eduardo Galeano dice que la felicidad es un camino ¿Dónde te apetece
ir? ¿Te sentirás mejor con un fajo de billetes, una mujer atractiva, con tu
chico ideal, saboreando las mieles de estar en otro lugar, saliendo de un
hospital sano, retozando después del orgasmo?
Según Luisfer Romero Calero,
de la revista Espinof.com: “El film es de los más desasosegantes que un
servidor ha podido ver. Desde luego no es apta si pasas por una mala racha o
estás medianamente deprimido. Solondz no deja respiro alguno. Todo son chascos
uno detrás de otro. La única visión que podemos extraer es que la vida es una
debacle que vaga entre la monotonía aburrida, la falta de sentido de nuestros
actos, y el tormento traumático. Sin embargo, no busca, como se ha dicho,
provocar por provocar. Más bien se recrea en la penumbra incluida en un relato
reflexivo y estremecedor. Además, no hay paja, ni efectismos, sólo un guion de
sólidas bases narrativas. Los personajes se ven rechazados y excluidos en
cuanto se esfuerzan por trepar a la cima de la felicidad.”
El humor negro pretende
salpicar de torcidas realidades la nuestra, compromete nuestro sentir y
pervierte la manera sucia a la que nos han puesto a padecer desde infantes; el
lenguaje es un arma consolidada para darle fuerza a nuestra personalidad,
decirle al niño, decirle a tu alumno, decirle a tus padres, decirle a un
policía, a un juez, razones por las cuales ratificas tu sentir y por el cual
entiendes a la felicidad como el vacío que debes llenar, convierte al lenguaje
como una configuración que consolida la realidad, una realidad marcada por los
traumas sociales de una guerra constante, una violencia instaurada en la cotidianidad
y una perversa percepción de seguridad y paz a la que a todos nos hemos llamado
a construir.
Es una cuestión de enfoque,
como el cine de humor negro, es como un espejo deformado a la que sin querer
bromean con nuestro sufrimiento, sin caer en el absurdo, es buscar una
reflexión a un conflicto, una mirada cínica hacia la hipocresía social y sus
problemas políticos, hacia las cosas que nos causan repugnancia, Es eso, Happiness.
Por
Mario
Alberto Bermúdez Gómez
Poeta, Estudiante y un
amargado que por momentos es feliz.
Gran reflexión, pa' delante.
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